¿Y si a los 55 años, cuando crees que tienes tu vida perfectamente organizada, aparece una mujer que lo pone absolutamente todo patas arriba?
Eso es lo que le ocurre a Gabrielle, la protagonista de La vida de una mujer, la nueva película de la directora francesa Charline Bourgeois-Tacquet, que acaba de estrenarse en los cines españoles después de competir por la Palma de Oro en el Festival de Cannes.
Y no, no estamos ante la típica historia de una mujer infelizmente casada que encuentra en otra mujer la solución a todos sus problemas.n Aquí la cosa es bastante más interesante.
Gabrielle, interpretada por Léa Drucker, tiene 55 años, es una prestigiosa cirujana y dirige un departamento hospitalario. Su trabajo es exigente, su madre necesita cuidados y está casada con un hombre que la quiere. Tiene una vida construida, una profesión que le apasiona y una rutina que, aunque agotadora, ha elegido conscientemente.
Hasta que aparece Frida.
Una escritora, una cirujana y una atracción inesperada
Frida, interpretada por Mélanie Thierry, es una novelista que llega al hospital para observar el trabajo de Gabrielle y documentarse para su próximo libro.
Lo que comienza como un encuentro profesional acaba convirtiéndose en algo mucho más personal. Entre ambas surge una atracción que obliga a Gabrielle a enfrentarse a preguntas que probablemente nunca se había planteado.
¿Puede una mujer sentirse satisfecha con la vida que ha construido y, al mismo tiempo, desear otra completamente diferente? ¿Qué ocurre cuando el deseo aparece en un momento en el que aparentemente ya lo tienes todo decidido?
Y, sobre todo, ¿por qué seguimos pensando que a determinadas edades ya deberíamos tener perfectamente claro quiénes somos y qué queremos?
La película no presenta la atracción entre Gabrielle y Frida como una simple aventura destinada a romper un matrimonio. La utiliza para explorar algo mucho más amplio: la identidad, la libertad, las decisiones que tomamos y el miedo a cambiar cuando sentimos que ya es demasiado tarde.
El deseo femenino no tiene fecha de caducidad
Hay algo especialmente atractivo en que esta historia esté protagonizada por una mujer de 55 años.
Porque, aunque el cine ha avanzado mucho, todavía no abundan las películas que colocan el deseo de las mujeres maduras en el centro de la narración. Y menos aún cuando ese deseo se dirige hacia otra mujer.
Charline Bourgeois-Tacquet ha explicado que quería retratar a una protagonista que hubiera construido una vida satisfactoria según sus propios criterios. Una mujer que hubiera priorizado su profesión sin renunciar al amor ni a la sexualidad, y que hubiera decidido conscientemente no tener hijos.
Es un planteamiento interesante porque Gabrielle no necesita que su vida anterior haya sido un error para descubrir que todavía puede querer algo diferente.
Y tampoco necesita que la película le coloque inmediatamente una etiqueta a lo que está sintiendo. El deseo aparece, desordena sus certezas y la obliga a mirarse desde otro lugar. A veces el conflicto no consiste en descubrir que has vivido una mentira. A veces consiste en aceptar que podemos cambiar.
De Los amores de Anaïs a La vida de una mujer
Para quienes disfrutamos de las historias de amor entre mujeres, el nombre de Charline Bourgeois-Tacquet no es precisamente nuevo.
La directora francesa ya nos había regalado Los amores de Anaïs (2021), una película protagonizada por Anaïs Demoustier y Valeria Bruni Tedeschi en la que una joven termina enamorándose de una mujer mayor, casada y escritora.
Ahora regresa a un territorio que conoce bien: mujeres que desean, relaciones que escapan a las convenciones y personajes que no siempre toman las decisiones más cómodas.
Pero esta vez cambia la perspectiva.
Ya no seguimos principalmente a una joven que descubre una atracción inesperada, sino a una mujer madura que debe preguntarse qué hacer con ella.
La película está sostenida por las interpretaciones de Léa Drucker y Mélanie Thierry, acompañadas por Charles Berling y Laurent Capelluto.
Y su paso por Cannes ha generado críticas especialmente elogiosas hacia Drucker, aunque no todas las valoraciones han sido unánimes sobre el desarrollo de la historia.
Una película sobre atreverse a vivir
Quizá lo más interesante de La vida de una mujer sea que no plantea una elección sencilla entre una vida equivocada y otra correcta.
Gabrielle no es una mujer que no haya conseguido nada.
Ha conseguido muchísimo.
Precisamente por eso resulta tan difícil plantearse si quiere cambiar algo.
Porque empezar de nuevo a los 55 años no significa necesariamente destruir lo anterior. Pero sí puede significar cuestionar certezas, asumir riesgos y aceptar que algunas partes de nosotras mismas todavía están por descubrir.
Y en medio de todas esas preguntas aparece Frida.
Una mujer que llega para escribir una novela y termina alterando el argumento de la vida de otra.
La vida de una mujer se estrenó en España el 9 de octubre de 2026, distribuida por BTeam Pictures, y tiene una duración de 98 minutos.
Una propuesta especialmente interesante para quienes disfrutamos de un cine que se atreve a hablar del deseo femenino más allá de los veinte o los treinta años.
Porque enamorarse de otra mujer a los 55 puede resultar inesperado.
Pero ¿quién dijo que a esa edad ya estaba escrita toda nuestra historia?

