31 títulos nacionales. Miles de personas llenando pabellones. Uno de los grandes equipos del balonmano femenino español. Y, aun así, en Bera Bera tienen bastante claro que hay algo más importante que ganar: cómo ganas.
“Cuando me refiero a ganar, pero no a cualquier precio, quiero decir no perder nuestra identidad, hacerlo bien sin perder nuestros valores, con respeto a nosotras mismas y a nuestros rivales”, explica a MíraLES Tati Garmendia, responsable de Balonmano Bera Bera.
Y no es precisamente el discurso fácil de quien no tiene que elegir.
Bera Bera ha llegado a renunciar a disputar la Champions League, el sueño de cualquier equipo y cualquier jugadora, porque hacerlo podía poner en peligro su equilibrio económico. “Hubiese sido una ruina económica y nos vimos en la situación de decir que no”, recuerda Garmendia.
También han preferido renunciar a posibles fichajes para invertir ese dinero en mejorar las condiciones de sus propias jugadoras.
Porque en Bera Bera ganar importa. Pero cuidar el proyecto también.
De jugadora a tomar las decisiones
Tati Garmendia conoce el balonmano desde prácticamente todos los lados posibles. Ha sido jugadora, entrenadora y ahora ocupa uno de esos lugares en los que se decide cómo debe funcionar un club.
Y hay cosas aparentemente pequeñas que recuerda perfectamente de sus años como deportista.
“Por ejemplo, el simple hecho de tener ropa de mujer y no de hombre, aunque algunas marcas se empeñaban en llamarlo unisex”, nos cuenta.
Pero había algo bastante más importante: ser tratadas como profesionales.
Ese aprendizaje terminó convirtiéndose en una de las prioridades del Bera Bera actual.
El club paga actualmente once meses de salario a sus jugadoras, frente a los diez habituales en buena parte del balonmano femenino español.
“Quisimos renunciar a algunas posibles contrataciones y mejorar otras cosas, por ejemplo un mes más de nóminas”, explica Garmendia. “Lo ideal sería que cobraran doce meses como en casi toda Europa, pero todavía nos hacen falta más recursos para llegar a eso”.
Porque hablar de profesionalización está muy bien.
Pagarla es otra cosa.
Y para Tati todavía queda bastante camino: reclama más implicación “social, empresarial e institucional” y, sobre todo, “una apuesta de verdad por el deporte femenino”, como sucede en países como Francia, Hungría, Rumanía o Dinamarca.
“Lo que no se ve, no existe”
Hay otra palabra que aparece continuamente cuando hablamos con ella: referentes.
Tati creció sin ellos. “Todos mis referentes eran hombres porque era lo único que veía en la tele. ¡Lo que no se ve, no existe!”, recuerda.
Ahora las niñas que entran en un pabellón para ver al Bera Bera encuentran algo bastante diferente. “Ya no ves solo a las niñas llevando camisetas de equipos con nombres de hombres detrás. Y eso es todo un triunfo”.
Ella misma se ha convertido en uno de esos referentes. En 2024 recibió el Premio Carmen Adarraga por su trayectoria y su trabajo a favor de la igualdad y la dignificación de las condiciones de las deportistas.
Y cuando le preguntamos por la importancia de que las niñas vean mujeres no solo jugando, sino entrenando, dirigiendo y tomando decisiones, nos deja probablemente nuestra frase favorita de toda la conversación:
“¿No nos dicen en la mayoría de los casos que en casa mandan las mujeres? Pues no quiero mandar en mi casa. Quiero mandar en la oficina, en mi vida, en una empresa, en una federación…”
Amén.
Igualdad que no se guarda en un cajón
Bera Bera puso en marcha su primer Plan de Igualdad en 2012, mucho antes de que la palabra igualdad apareciera obligatoriamente en prácticamente cualquier presentación corporativa.
“Para nosotras, el Plan de Igualdad no es un simple lema, no son unos documentos guardados en el cajón. Es una realidad y un trabajo diario”, explica Tati.
Eso implica mujeres tomando decisiones en la directiva, lenguaje inclusivo, formación, protocolos y una apuesta explícita por la diversidad.
También por la diversidad sexual.
“Tenemos una responsabilidad directa. Tenemos que hacer todo lo que esté en nuestras manos para seguir creando un espacio 100% seguro para cada persona que forma parte de este club”.
Tati reconoce que el deporte continúa siendo un terreno tradicionalmente muy machista y que la batalla no termina en conseguir más recursos o más visibilidad para las mujeres.
También consiste en crear “un entorno libre de prejuicios donde vivamos la orientación sexual sin miedos”.
Una declaración que en MíraLES nos toca especialmente de cerca.
“Claro que el deporte femenino vende”
Y luego está aquella vieja cantinela.
Que el deporte femenino no interesa. Este año, Bera Bera reunió a casi 5.000 personas en Illunbe durante la final de la Copa de la Reina.
“Ver a 5.000 personas en la grada fue una gozada. ¡Estaban ahí para vernos a nosotras! ¡Para ver balonmano femenino!”, recuerda Tati.
Su diagnóstico sobre el supuesto desinterés es bastante sencillo: si ofrecemos un buen espectáculo y lo promocionamos, la gente responde.
“¡Claro que vende! Y el género da igual”.
Porque si un partido no aparece en televisión, no se promociona y nadie sabe que existe, difícilmente podremos concluir después que no interesa.
Otra vez: lo que no se ve, no existe.
Mucho más que 31 títulos
Bera Bera tiene vitrinas suficientes para demostrar que su modelo funciona deportivamente.
Pero hay una parte de su identidad que no cabe en ellas.
El club colabora con asociaciones relacionadas con la salud mental, el autismo, el cáncer, la discapacidad visual o el duelo gestacional, entre otras causas.
“Todas estas cosas las hacemos por convicción y no por obligación”, resume Tati.
Y quizá ahí esté una de las claves para entender por qué Bera Bera ha decidido también apoyar este año la Gala MíraLES como patrocinador.
Porque una gala que celebra a mujeres visibles que abren caminos y un club que lleva años trabajando para que las niñas tengan referentes, las deportistas mejores condiciones y las mujeres ocupen los lugares donde se toman las decisiones tenían bastantes posibilidades de encontrarse por el camino.
Nosotras estamos encantadas de que haya ocurrido.
Porque los títulos importan.
Pero lo que haces con el lugar que has conquistado también.

