Hay prejuicios sobre las mujeres bisexuales que esperamos encontrar fuera del colectivo.
Y luego están los que escuchan cuando entran en él.
“¿Pero qué te gusta más, los hombres o las mujeres?”. “Yo no podría salir con una bisexual”. “Seguro que acabarías echando de menos a un hombre”. “Las bisexuales sois más infieles”. “Ahora que tienes novia, ¿eres lesbiana?”.
Hoy, 23 de septiembre, Día de la Visibilidad Bisexual, quizá sea un buen momento para hacernos una pregunta un poquito incómoda:
¿Cuántas de estas frases seguimos diciendo también las lesbianas?
Porque algunas han envejecido estupendamente. Demasiado estupendamente.
“Sí, eres bisexual, pero… ¿qué te gusta más?”
Empezamos fuerte.
La bisexualidad no es un cuestionario en el que al final sumamos puntos y descubrimos que eres 63% lesbiana y 37% heterosexual.
Una mujer bisexual puede sentir atracción por más de un género sin que esa atracción tenga que producirse de la misma manera, con la misma intensidad o en idéntica proporción.
Y tampoco necesita elegir un equipo al terminar el partido.
La pregunta puede parecer inocente, pero detrás muchas veces continúa escondiéndose la idea de que la bisexualidad es una especie de sala de espera: tarde o temprano descubrirás qué eres de verdad.
Pues no. Bisexual. Esa era la respuesta.
“Yo no saldría con una bisexual porque terminaría echando de menos a un hombre”
Este probablemente sea uno de los grandes clásicos. Y tiene una lógica bastante curiosa.
Si nuestra novia lesbiana ha tenido antes relaciones con mujeres rubias, morenas, altas, bajas, mayores o más jóvenes, normalmente no vivimos aterrorizadas pensando: “Dios mío, yo soy morena. ¿Y si un día necesita una rubia?”
Pero cuando nuestra pareja es bisexual, algunas sentimos que existe algo que jamás podremos darle. Un hombre.
La cuestión es que una persona bisexual que elige estar contigo no está eligiendo provisionalmente a una mujer hasta que vuelva a necesitar otra cosa. Te está eligiendo a ti.
Y si algún día deja de hacerlo, será doloroso, por supuesto. Pero que la siguiente persona sea un hombre o una mujer no convierte retrospectivamente vuestra relación en menos real.
“Al final acabarás con un hombre. Es más fácil”
Esta frase tiene además una trampa especialmente desagradable.
Porque sí: una mujer bisexual puede enamorarse de un hombre y, en determinados contextos, esa relación estará libre de muchas de las discriminaciones que sufrimos las parejas de mujeres.
Pero una mujer bisexual que actualmente tiene novio no se ha vuelto heterosexual. Igual que una mujer bisexual que tiene novia tampoco se ha convertido en lesbiana. Su orientación no cambia dependiendo de quién esté sentado frente a ella desayunando.
Precisamente una de las formas más habituales de invisibilización bisexual consiste en mirar a la pareja y decidir desde fuera la orientación de la persona. Novio: heterosexual. Novia: lesbiana.
Soltera: pendiente de clasificación. Pues no.
“Es que las bisexuales sois más infieles”
Este prejuicio merece casi un premio a la imaginación.
La bisexualidad amplía los géneros por los que una persona puede sentir atracción. No multiplica automáticamente sus ganas de acostarse con todo ser humano que se cruce por delante.
Ser bisexual no significa vivir en un estado permanente de Tinder mental.
Una bisexual puede ser monógama, no monógama, fiel, infiel, enamoradiza, tremendamente selectiva, tener muchísimo deseo o llevar ocho meses sin querer que nadie se le acerque a menos de metro y medio.
Exactamente igual que nosotras.
La fidelidad habla de los acuerdos que establecemos y de cómo los respetamos. No de nuestra orientación sexual.
“No tengo nada contra las bisexuales, pero no saldría con una”
Aquí entramos en terreno más delicado.
Nadie está obligada a salir con nadie. Evidentemente.
Tenemos derecho a decidir con quién compartimos nuestra intimidad y no necesitamos justificar cada deseo o cada ausencia de él.
Pero quizá sí merezca la pena preguntarnos de dónde procede ese rechazo cuando la única información que tenemos sobre una mujer es que es bisexual.
Si pensamos automáticamente que será menos fiable, que echará de menos a los hombres, que no comprenderá nuestra experiencia como lesbianas o que probablemente terminará dejándonos por uno, quizá ya no estemos hablando simplemente de atracción.
Quizá haya algún prejuicio por revisar. Y revisarnos entre nosotras tampoco nos viene mal de vez en cuando.
“Ahora que estás con una mujer, ¿ya eres lesbiana?”
No.
Y esta probablemente sea una de las razones por las que seguimos necesitando un Día de la Visibilidad Bisexual.
Porque la bisexualidad tiene una extraordinaria capacidad para desaparecer ante nuestros ojos.
Una mujer bisexual puede pasar años siendo leída socialmente como heterosexual porque tiene pareja masculina. Después enamorarse de una mujer y empezar a ser leída como lesbiana.
Pero ella sigue siendo bisexual.
De hecho, los datos continúan mostrando hasta qué punto esa invisibilidad existe. Según el estudio Diversity at Work 2026, elaborado por REDI y ManpowerGroup, aproximadamente dos de cada diez personas bisexuales dicen ser completamente visibles en su entorno laboral, frente al 49% de media del conjunto de personas LGTBI.
No estamos hablando solo de una etiqueta.
Estamos hablando de personas cuya identidad puede desaparecer continuamente dependiendo de quién tengan al lado.
¿Por qué seguimos necesitando hablar de bisexualidad?
Porque aunque hoy tenemos más referentes bisexuales, hablamos mucho más de bisexualidad y las nuevas generaciones manejan la diversidad sexual con una naturalidad que hace unas décadas parecía impensable, algunos viejos fantasmas siguen por aquí.
La bisexualidad continúa siendo interpretada a veces como confusión, transición, promiscuidad o una parada temporal antes de escoger destino definitivo.
Y quizá hoy, en el Día de la Visibilidad Bisexual, las lesbianas también podamos hacer nuestra pequeña parte.
No hace falta comprender exactamente cómo siente otra mujer para respetar cómo se define.
No hace falta preguntarle qué porcentaje de ella prefiere a los hombres.
Ni temer competir con la mitad de la humanidad.
Si una mujer bisexual se enamora de ti, tenemos una noticia estupenda:
No has ganado a los hombres.
La has enamorado tú.
Y eso ya debería ser suficientemente bonito.

