Junio es el mes del Orgullo. Nuestro mes. El momento en el que llenamos calles, balcones y redes sociales de banderas, historias y visibilidad. Pero también es un buen momento para mirar más allá de nuestra burbuja y preguntarnos algo incómodo: ¿cómo sería nuestra vida si hubiéramos nacido en otro lugar?
Porque a veces, viviendo en España, una puede acabar creyendo que ciertos derechos son universales. Que casarte con una mujer, formar una familia o dar la mano a tu novia por la calle es algo relativamente normal. Y no. En absoluto.
Es muy difícil saber exactamente cuántas lesbianas hay en el mundo. Los estudios varían muchísimo dependiendo del país, la edad o, directamente, del miedo que muchas mujeres todavía tienen a reconocerse públicamente como lesbianas. Pero tomando como referencia distintas investigaciones internacionales, suele estimarse que alrededor del 3% de las mujeres se identifican como lesbianas.
Así que hemos hecho un ejercicio imaginario. Reducir a todas las lesbianas del planeta a solo 100 mujeres. Y preguntarnos cómo serían realmente nuestras vidas.
La respuesta es bastante más dura de lo que parece. Porque si las lesbianas del mundo fueran 100 mujeres, solo unas 20 podrían casarse legalmente con otra mujer. Las otras 80 vivirían en países donde su relación no tendría ningún reconocimiento legal.
Y aquí es importante entender algo: no hablamos de número de países, hablamos de población mundial. Porque aunque en Europa occidental, Norteamérica, parte de Latinoamérica, Australia y Nueva Zelanda los derechos LGTBI+ han avanzado muchísimo, esas regiones representan bastante menos población de la que solemos imaginar.
En cambio, Asia y África concentran gran parte de la población mundial, y en muchos de esos países los derechos de las personas LGTBI+ son inexistentes o extremadamente limitados.
China no reconoce el matrimonio igualitario. India tampoco. Rusia ha intensificado la persecución contra el colectivo LGTBI+. Indonesia criminaliza parcialmente las relaciones homosexuales en algunas regiones. Y en decenas de países africanos la homosexualidad sigue siendo ilegal o perseguida socialmente de forma brutal.
De repente, ese “solo 20” empieza incluso a parecer alto.
Aproximadamente 10 de cada 100 lesbianas vivirían en países donde las relaciones entre personas del mismo sexo siguen siendo delito o pueden ser perseguidas legalmente. Alrededor de 55 de cada 100 vivirían en países sin protección legal clara frente a la discriminación por orientación sexual en ámbitos como el trabajo, la vivienda o la sanidad. Más de 80 de cada 100 vivirían en lugares donde formar una familia junto a otra mujer sigue siendo legalmente imposible o muchísimo más difícil que para una pareja heterosexual. Y probablemente solo entre 8 y 10 de cada 100 vivirían en países con un nivel de protección legal y reconocimiento comparable al de España en 2026.
Algunas podrían formar una familia. Muchas ni soñarlo.
De nuestras 100 lesbianas imaginarias, probablemente menos de 15 podrían acceder con cierta tranquilidad a derechos familiares completos. Porque permitir casarse no siempre significa reconocer plenamente a las familias lesbianas.
En muchos lugares todavía existen obstáculos para la reproducción asistida, la adopción conjunta o el reconocimiento automático de ambas madres.
Y eso cambia completamente una vida.
No es lo mismo elegir colegio que preguntarte si legalmente tu hija también es tu hija.
Más de 10 podrían acabar detenidas
Este dato sigue pareciendo irreal cuando una lo escribe, pero ocurre.
Más de 10 de nuestras 100 lesbianas vivirían en países donde las relaciones entre personas del mismo sexo siguen siendo delito.
En algunos casos con penas de cárcel. En otros, con castigos físicos o persecución institucional.
Y luego están los lugares donde quizá no existe una ley explícita, pero sí una violencia social tan fuerte que el resultado es prácticamente el mismo: miedo constante. Miedo a que la familia descubra mensajes. Miedo a que un vecino vea demasiado.
Miedo a enamorarse.
Muchas jamás besarían a otra mujer en público
Y aquí entramos en algo todavía más difícil de medir.
Porque incluso dentro de países con leyes avanzadas, la libertad real no siempre existe.
Hay lesbianas que siguen ocultando quiénes son en el trabajo. O con su familia. O en determinados barrios. O en según qué ciudades.
Muchas de nuestras 100 mujeres mirarían alrededor antes de coger la mano de su novia. Algunas directamente no se atreverían nunca. Y eso también deja huella.
Porque cuando tienes que vigilar constantemente cómo miras, cómo hablas o cómo amas, tu vida se hace más pequeña.
España, mientras tanto, acaba de convertirse en referencia europea
Este 2026, España ha sido reconocida por ILGA-Europe como el país con mayor protección legal para las personas LGTBIQ+ de toda Europa.
Y quizá la noticia más importante no sea solo el ranking. Quizá lo importante sea recordar que esto no cayó del cielo. Lo construyeron generaciones enteras de lesbianas, gays, bisexuales y personas trans que se jugaron muchísimo antes que nosotras. Mujeres que vivieron escondidas. Que perdieron trabajos. Que fueron expulsadas de sus familias.
Que jamás pudieron imaginar un Orgullo patrocinado por marcas o bodas llenas de flores en Instagram. Por eso junio importa. Porque celebrar también es recordar.
Y porque mientras algunas estamos organizando viajes, festivales o tardeos lésbicos, millones de mujeres siguen soñando simplemente con algo mucho más básico:
Poder amar sin miedo.

