Una de cada tres. ¿Qué nos pasa a las lesbianas y bisexuales cuando vamos al médico?

L-Health, un estudio europeo sobre la salud de las LesBianas* en atención primaria en Cataluña confirma lo que muchas ya sabíamos por experiencia propia: el sistema sanitario nos ignora, nos estereotipa o directamente no nos ve. Los datos no dejan lugar a dudas.

El pasado 11 de junio, en la Sala de Actos del Centre Corporatiu de l’Institut Català de la Salut de Barcelona, el proyecto europeo L-Health presentó los resultados de algo que no existía hasta ahora: la primera investigación científica realizada en Cataluña específicamente sobre la salud de las mujeres lesbianas, bisexuales, pansexuales y de mujeres que tienen relaciones con otras mujeres. Más de 850 participantes. Encuestas, entrevistas en profundidad, datos de registros clínicos. La ciencia, al fin y al cabo, puesta al servicio de las que siempre hemos sido invisibles en la consulta.

Duele ver el titular escrito en negro sobre blanco, pero a ninguna nos sorprende: 1 de cada 3 lesbianas y bisexuales ha sentido discriminación por su orientación sexual en la atención primaria. En el caso de las lesbianas, el porcentaje sube al 36%. Entre las personas con identidad de género no cisgénero, al 43%. Y casi la mitad de las mujeres bisexuales (el 47%) no ha compartido su orientación sexual con ningún profesional sanitario de su centro de salud.

¿Por qué callamos?

El estudio cualitativo, realizado con 56 mujeres de perfiles muy diversos –lesbianas y bisexuales, cisgénero y no binarias, de ciudad y de entornos rurales, con y sin trayectorias migratorias–, pone nombre a algo que muchas hemos vivido: el sistema sanitario asume que todas las personas son heterosexuales. Eso nos obliga a “salir del armario” en cada consulta, con el desgaste emocional que ello implica. O, peor aún, a no hacerlo. Algunas han llegado a evitar ir al médico. Otras pagan una atención privada que tendría que ser pública. Y las que se atreven a ir, a menudo se encuentran con dos estereotipos que hacen igual de daño: a las lesbianas se les dice que no tienen riesgo sexual (el mito de la lesbiana virgen) mientras que a las bisexuales se las considera promiscuas y de alto riesgo (el mito de la bisexual hipersexual). Dos mitos opuestos que tienen como resultado un mismo riesgo para nuestra salud: atención inadecuada, desigual y moralizadora.

No todas lo vivimos igual.

Las participantes racializadas relataron experiencias basadas en el racismo e la hipersexualización. Las LesBianas* con diversidad funcional denunciaron la asexualización de sus cuerpos, como si tener una discapacidad borrara también el deseo y la vida afectivo-sexual. Las mujeres mayores señalaron el edadismo: la sexualidad en la vejez simplemente no existe para el sistema. La discriminación, en definitiva, se acumula y se multiplica.

Pero el estudio también arroja algo de esperanza. Las LesBianas* que sí compartieron su orientación sexual con sus profesionales sanitarios mostraron niveles de satisfacción significativamente más altos con la atención recibida. La visibilidad, cuando es posible y segura, mejora la calidad de la atención. El problema es que, para muchas, no lo es. Y el sistema tiene mucho que ver en eso.

¿Qué pasa del otro lado de la consulta?

La investigación también evaluó actitudes y conocimientos de profesionales sanitarios, y el resultado es esperanzador a medias: la voluntad de ofrecer una atención inclusiva existe, pero la formación específica, no. La mayoría reconoce que no sabe cómo abordar la orientación sexual sin que parezca intrusivo, y que su formación en salud LGBTQ+ ha sido nula, opcional o meramente superficial. Incluso algunas profesionales lesbianas y bisexuales señalaron la presión de tener que “representar” al colectivo en sus centros de trabajo, sin contar con las herramientas para hacerlo.

Ante esta realidad, el proyecto L-Health ha desarrollado, junto con Sida Studi, una formación piloto para profesionales de atención primaria que ya ha sido evaluada y presentada como herramienta replicable. Anna Ponjoan, coordinadora e investigadora principal del proyecto, destacó que “si se implementara la formación L-Health en todos los centros de atención primaria, Cataluña podría convertirse en un referente internacional en la atención a la salud de lesbianas y bisexuales“.

En un intento por trasladar los resultados de esta investigación más allá de las fronteras de nuestro país, Silvia Casalino, directora ejecutiva de la ONG “EL*C – EuroCentralAsian Lesbian* Community” (Comunidad Lésbica Europea y Centroasiática), señaló que “en EL*C creemos que el conocimiento no debe quedar confinado a las universidades, los informes o las conferencias. Debe servir para empoderar a las comunidades, reforzar la incidencia política y contribuir a mejorar la vida de las lesbianas de Europa y Asia Central”.

L-Health está coordinado por el Institut d’Investigació en Atenció Primària Jordi Gol (IDIAPJGol) y cofinanciado por la Comisión Europea a través del programa CERV. Participan también el IDIBGI, la Agència de Salut Pública de Barcelona, Sida Studi y la EuroCentralAsian Lesbian* Community. Una alianza entre ciencia, salud pública y activismo que, por fin, nos ha puesto en el centro.

Ser invisible en la consulta es un patrón para las lesbianas. Y ahora, por fin, tenemos datos científicos para demostrarlo.

Por Kika Fumero, responsable de Medios y Comunicación de la ONG “EuroCentralAsian Lesbian* Community

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