Hay bodas que cambian la vida de dos personas. Y hay bodas que, además, pueden cambiar la vida de todas las que vienen detrás.
El pasado 7 de agosto, Fabiana Justiniano y Scarlett Rocha, ambas de 29 años, se pusieron sus vestidos blancos, se arreglaron a toda velocidad después de pasar por el Registro Civil, reunieron a más de cien familiares y amigos y bailaron hasta bien entrada la noche.
Una boda preciosa. Solo que aquel “sí, quiero” tenía detrás tres años y diez meses de lucha.
Porque Fabiana y Scarlett acaban de convertirse en la primera pareja del mismo sexo que contrae matrimonio civil legalmente en Bolivia.
Y, sí, han sido dos mujeres las encargadas de abrir esta puerta.
Se conocieron, se enamoraron y quisieron casarse
Fabiana es psicóloga. Scarlett, nacida en Florida y criada entre Estados Unidos y Bolivia, estudió neurociencia y biología del comportamiento.
Se conocieron a través de amigos en Santa Cruz a comienzos de 2022 y se enamoraron. Poco después empezaron a hablar de matrimonio.
Hasta aquí, una historia bastante normal. El problema era que querían hacer algo que ninguna pareja homosexual había conseguido hacer legalmente en Bolivia. En octubre de 2022 acudieron al Servicio de Registro Cívico, Serecí, para solicitar su matrimonio. La respuesta fue la que esperaban: no.
La Constitución boliviana define el matrimonio como la unión entre una mujer y un hombre. Para las parejas del mismo sexo existía ya la posibilidad de registrar una “unión libre”, un reconocimiento que fue conquistado también después de una larga batalla judicial y que, en teoría, proporciona derechos similares.
Pero Scarlett y Fabiana no querían una categoría diferente. Querían casarse.
“Queríamos luchar por el matrimonio porque siempre había formado parte de nuestro proyecto de vida”, explicó Scarlett a Associated Press.
Y decidieron pelearlo.
Casi cuatro años para conseguir un derecho
Lo que vino después fueron recursos, oficinas, papeles, negativas, meses en los que el proceso no avanzaba y dos acciones de amparo constitucional.
Sus abogados encontraron además una puerta jurídica fundamental.
Aunque la legislación boliviana limita el matrimonio a parejas heterosexuales, la propia Constitución establece la relevancia de los tratados internacionales de derechos humanos. Bolivia forma parte de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y la Corte Interamericana estableció en 2017 que los Estados deben garantizar a las parejas del mismo sexo los derechos derivados de sus vínculos familiares sin discriminación.
El 13 de marzo de 2026 llegó finalmente la resolución que llevaban años esperando. Un tribunal constitucional consideró que el Registro Civil las había discriminado y ordenó que se permitiera su matrimonio.
Scarlett llamó inmediatamente a Fabiana. Su voz temblaba. “Si he entendido bien lo que acaba de pasar, creo que lo conseguimos”, le dijo.
Fabiana solo quería saber una cosa:
“Entonces, ¿podemos casarnos mañana?”
No exactamente.
Todavía tuvieron que esperar otros cinco meses.
Y por fin llegó el 7 de agosto
Cuando finalmente tuvieron delante el certificado de matrimonio, Scarlett sintió algo que probablemente explica mejor que cualquier sentencia lo que significa tener —o no tener— los mismos derechos que los demás.
“Sentí que me quitaban un peso de encima”, contó. Por primera vez pudo bajar la guardia y disfrutar simplemente de estar casada.
Porque detrás de toda la terminología jurídica había algo extraordinariamente sencillo. Dos mujeres enamoradas querían que el Estado reconociera su familia exactamente igual que reconoce la de una pareja heterosexual.
Nada más. Y nada menos.
Pero Bolivia todavía no tiene matrimonio igualitario
Aquí llega el matiz importante.
La boda de Scarlett y Fabiana no significa que cualquier pareja del mismo sexo pueda acudir mañana a un Registro Civil boliviano y casarse.
La decisión judicial se refiere específicamente a ellas.
Su caso deberá ser revisado ahora por el Tribunal Constitucional Plurinacional. Su matrimonio seguirá siendo válido independientemente del resultado, pero si el alto tribunal ratifica la sentencia, podría fortalecer enormemente el camino para otras parejas.
De hecho, ya está ocurriendo algo.
La organización IGUAL Bolivia, que acompañó jurídicamente a Scarlett y Fabiana, asegura que otras parejas del mismo sexo se han puesto en contacto con ellos preguntando cómo pueden hacer lo mismo.
Y ahí está probablemente la parte más emocionante de esta historia. Fabiana lo resumió perfectamente: “La pasamos súper mal, pero vamos a abrir el camino”.
Bolivia llega tarde a una transformación que buena parte de Latinoamérica ya ha realizado.
Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, México y Uruguay reconocen actualmente el matrimonio entre personas del mismo sexo en todo su territorio.
Ahora Bolivia tiene delante una oportunidad histórica. Porque los derechos no deberían depender de encontrar abogados, disponer de recursos económicos, presentar dos amparos y estar dispuesta a resistir durante casi cuatro años para conseguir algo que una pareja heterosexual obtiene rellenando unos formularios.
Scarlett y Fabiana querían casarse.
Pero al negarse a aceptar que su amor merecía una categoría diferente, terminaron haciendo algo mucho más grande.
Abrieron una puerta.
Ahora falta que Bolivia decida si esa puerta permanecerá abierta únicamente para ellas o si permitirá que entren todas las parejas que llevan años esperando al otro lado.
Mientras tanto, en una casa de Santa Cruz donde Scarlett y Fabiana viven acompañadas por tres perros y cuatro gatos, hay dos mujeres recién casadas que todavía se emocionan recordando su boda.
Y una libreta familiar que, por pequeña que parezca, acaba de hacer historia.
