10 cosas que las lesbianas sabemos sobre el orgasmo (y que el resto del mundo está empezando a descubrir)

Ministerio de Igualdad – Orgullosamente Libres

Cada 8 de agosto se celebra el Día Internacional del Orgasmo Femenino.

Sí, existe. Y sí, nos parece una celebración bastante mejor que el Blue Monday.

En MíraLES hemos pensado que era el momento perfecto para hacer un pequeño homenaje a todas esas cosas que las lesbianas llevamos años sabiendo sobre el placer. Algunas son científicas. Otras son puro sentido común. Y otras simplemente ocurren cuando desaparece el guion de cómo “se supone” que debe ser el sexo.

Vamos allá.

1. Los preliminares no existen

Nunca hemos entendido muy bien ese concepto.

¿Preliminares respecto a qué?

Para muchísimas lesbianas, besarse durante veinte minutos, acariciarse, hablar, reírse o simplemente mirarse forma parte del sexo. No es la introducción al concierto.

Es el concierto.

2. El sexo no termina cuando una persona tiene un orgasmo

Esta quizá sea la mayor diferencia.

Si una de las dos llega primero… pues fenomenal.

La otra sigue teniendo exactamente la misma importancia que hace cinco minutos.

Parece increíble tener que escribir esto en 2026, pero todavía hay demasiadas mujeres que cuentan que el sexo heterosexual termina exactamente cuando él ha terminado.

Nosotras solemos tener otra filosofía.

Si una ha llegado… ahora toca la otra.

Qué concepto tan revolucionario.

3. Hablar de sexo no corta el rollo. Lo mejora.

“Más despacio.” “Así sí.” “Entra”.

“Un poquito más arriba.”

“Eso, justo ahí.”

Las lesbianas tenemos bastante asumido que nadie nace sabiendo exactamente cómo disfruta otra persona.

Y resulta que preguntar no mata la pasión.

La mejora.

La ciencia, de hecho, lleva años demostrando que las parejas de mujeres hablan más sobre sexo y sobre lo que les gusta. Casualidad o no, también son las que muestran mayores niveles de satisfacción sexual.

4. El clítoris no es un extra. Es el protagonista.

Hubo una época en la que parecía que el clítoris era un accesorio opcional.

Como el techo solar de un coche.

Pues no.

Es el único órgano del cuerpo humano cuya única función conocida es proporcionar placer.

Y, curiosamente, cuando deja de ser el gran olvidado… los orgasmos empiezan a aparecer con bastante más frecuencia.

Quién lo iba a decir.

5. El sexo no tiene un cronómetro

Hay parejas lesbianas que tienen encuentros de veinte minutos.

Y otras que parecen una trilogía de El Señor de los Anillos.

Lo importante nunca ha sido cuánto dura.

Sino que nadie está mirando el reloj.

6. Los juguetes sexuales no vienen a sustituir a nadie

Vienen a sumar.

Hay quien sigue viendo un vibrador como si fuera el rival sentimental de alguien.

Las lesbianas solemos tener una relación bastante más relajada con este tema.

Si algo puede aumentar el placer de las dos…

Bienvenido sea.

Sin dramas.

Sin egos.

Y sin necesidad de competir con un trozo de silicona.

7. Fingir un orgasmo es muchísimo trabajo

No decimos que no ocurra nunca.

Pero, sinceramente…

¿Para qué?

Si el objetivo del sexo es disfrutar, fingir que has disfrutado parece una forma bastante rara de pasar la tarde.

8. El mejor polvo no siempre acaba en orgasmo

Esta quizá sea la lección más importante.

Hay encuentros increíbles que terminan con dos mujeres riéndose abrazadas.

Otros acaban hablando durante una hora.

Otros simplemente con una sensación preciosa de intimidad.

El orgasmo está muy bien.

Pero convertirlo en el único medidor del éxito sexual es como decir que una cena solo merece la pena por el postre.

9. Las lesbianas tenemos más orgasmos. Y no lo decimos nosotras.

Los estudios llevan años observando el llamado “orgasm gap” o brecha del orgasmo.

Las investigaciones publicadas en revistas como Archives of Sexual Behavior muestran de forma consistente que las mujeres lesbianas alcanzan el orgasmo con bastante más frecuencia que las mujeres heterosexuales.

¿La razón?

No existe una única explicación.

Pero los investigadores apuntan a varios factores: más comunicación, encuentros sexuales más largos, mayor atención al placer femenino y una menor dependencia de un único guion sobre cómo “debe” desarrollarse el sexo.

No es magia.

Es escuchar.

10. El mejor órgano sexual sigue siendo el cerebro

Sí, sabemos que muchas esperabais otra respuesta.

Pero no.

Lo más sexy sigue siendo una conversación inteligente.

Una mujer que escucha.

Una que pregunta.

Una que tiene sentido del humor.

Una que sabe crear confianza.

Porque el deseo empieza muchísimo antes de quitarse la ropa.

Y eso las lesbianas lo llevamos practicando toda la vida.


Al final, quizá el secreto nunca estuvo en hacer nada extraordinario.

Quizá consistía simplemente en algo mucho más sencillo.

Dejar de pensar en cómo “debería” ser el sexo y empezar a preguntarnos cómo queremos vivirlo nosotras.

Feliz Día Internacional del Orgasmo Femenino.

Y, por favor, que nadie vuelva a llamar “preliminares” a la mejor parte del plan.

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