Cuando el amor entre chicas se convierte en fenómeno global: el boom lésbico de las series tailandesas

Imagina esto: empiezas una serie pensando “bueno, a ver qué tal” y de repente estás llorando por dos chicas que se escriben por Instagram, te sabes los nombres de las actrices, sigues sus giras, ves edits en TikTok y te descubres pensando: ¿por qué esto me toca tanto?

No eres tú. Nos está pasando a muchas.

La historia de Ongsa y Sun, protagonistas de 23,5 grados de inclinación de la Tierra, es sencilla y, precisamente por eso, engancha. Una chica tímida, nueva en el instituto, se enamora de la chica popular. No se atreve a decirlo. Se esconde detrás de un alias. Confunde, se confunde, sufre. Ama. Tiene miedo de que la juzguen por amar a otra mujer. Ya sé lo que estáis pensnado: nada nuevo bajo el sol… salvo que esta vez la historia no se castiga.

Y ahí empieza todo.

De “una pareja secundaria” a fenómeno mundial

El auge del GL (Girls’ Love, historias románticas entre mujeres) en Tailandia no nació como una gran estrategia cultural. Según cuenta la BBC, empezó casi como una prueba: añadir una pareja de chicas a una serie de éxito centrada en chicos gays (Bad Buddy). Las actrices Milk y Love gustaron tanto que el fandom hizo lo que mejor sabe hacer: pedir más.

Mucho más.

El resultado fue histórico. GMMTV, una de las productoras más importantes del país, lanzó su primera serie GL completa, 23,5 grados de inclinación de la Tierra. Y casi al mismo tiempo, otra cadena emitía GAP: La teoría rosa, que se convirtió en un éxito masivo dentro y fuera de Tailandia, superando los 300 millones de visualizaciones en YouTube.

Para finales de 2024, se habían producido 21 series GL con más de 50 parejas lésbicas. No hablamos de algo marginal. Hablamos de industria cultural, de exportación, de millones de euros y de un país colocado, de repente, en el centro del mapa lésbico mundial.

Sí, amigas: las lesbianas venden. Y mucho.

Las protagonistas de estas series no solo triunfan en pantalla. Sus giras de encuentros con fans han agotado entradas en China, Japón, Filipinas, Taiwán, Singapur, Camboya y Estados Unidos, según recoge la BBC. Hay mujeres viajando miles de kilómetros solo para verlas, darles las gracias, decirles: “me ayudaste a entenderme”.

Luiza, una fan brasileña entrevistada en el reportaje, lo cuenta claro: ver GL tailandés fue la primera vez que sintió que el amor entre dos mujeres podía ser la historia principal, no un añadido ni una tragedia. Tanto fue así que se llevó a su madre de viaje por Tailandia durante dos meses. No para “ver templos”, sino para vivir el lugar donde esas historias eran posibles.

Y esto no es anecdótico. Para muchas lesbianas de países donde el contenido LGTBI está censurado o perseguido, estas series son una ventana segura. Están en YouTube, con subtítulos en muchos idiomas, accesibles sin intermediarios. En un contexto global donde aún se censura el amor entre mujeres, eso es político aunque no lo parezca.

¿Por qué esto conecta tanto con lesbianas occidentales?

Aquí viene la parte que nos toca de lleno.

Porque, seamos honestas: en el imaginario audiovisual occidental, las lesbianas llevamos décadas pagando un precio. O morimos, o sufrimos, o desaparecemos. La experta Eva Cheuk-Yin Li, citada por la BBC, lo llama directamente “el síndrome de la lesbiana muerta”. Historias intensas, sí, pero casi siempre con finales trágicos o incompletos.

Las series GL tailandesas rompen ese patrón.

Aquí hay conflictos, claro. Miedos, prejuicios familiares, separaciones. Pero el arco narrativo suele ser satisfactorio. Hay relación. Hay reparación. Hay final feliz. Y eso, para quienes crecimos aprendiendo que en la ficción amar a otra mujer era sinónimo de pérdida, es profundamente reparador.

Además, estas historias no se cuentan desde el morbo ni desde la excepcionalidad. Son romances. Con celos, dudas, mensajes malinterpretados y frases cursis. Como cualquier otra historia de amor que el mundo lleva siglos celebrando… solo que esta vez son dos chicas.

El propio artículo lo señala: la mayoría de protagonistas siguen siendo bastante femeninas, y aún hay diversidad pendiente. Es verdad. Pero también lo es que nunca antes tantas lesbianas habían sido visibles, deseadas y felices en la cultura popular global.

En Tailandia, donde ya existe matrimonio igualitario, estas historias están influyendo incluso en conversaciones familiares cotidianas. Una madre que dice tranquilamente que su personaje favorito es una doctora lesbiana “porque es guapa” puede parecer poca cosa, pero muchas sabemos que ahí empieza el cambio.

En 23,5 grados de inclinación de la Tierra, Sun pregunta qué pasaría si tuvieran que separarse durante un año. Ongsa responde que no importa cuántos años luz las separen, que sus órbitas volverán a juntarlas. Porque el destino de la Tierra es estar con el Sol.

Puede sonar cursi. Pero en el fondo de nuestro corazón sabemos que a veces nos encanta tragarnos una historia cursi entre mujeres.

Porque durante demasiado tiempo nos dijeron que nuestro amor no tenía destino. Y ahora, desde Tailandia, millones de mujeres nos están diciendo justo lo contrario: que nuestras historias importan, que pueden ser bellas, populares y felices.

Y sí, también famosas.

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