Si hay un deporte donde nos faltaba representación LGTB en el mundo femenino, era en del patinaje artístico, en el que pocas mujeres han salido del armario.
Pero por suerte (y por valentía) eso ha empezado a cambiar. En un mundo donde el patinaje artístico parece siempre igual —elegancia, saltos imposibles, miradas perfectas— hay alguien que está rompiendo el molde con cada giro: Amber Glenn. Esta atleta estadounidense de 26 años no solo está entre las mejores del mundo; está escribiendo una historia que trasciende los puntajes y las medallas.
En enero de 2026, Amber, que hizo un regalo de visibilidad y de representación saliendo del armario en 2019, volvió a hacer historia en los Campeonatos de Patinaje Artístico de EE. UU., donde logró su tercer título nacional consecutivo y una puntuación que la coloca como favorita para formar parte del equipo olímpico que representará a su país en los Juegos de Invierno de Milán-Cortina 2026.
Lo que hace especial a Amber no termina en lo técnico. Desde 2019 ella se declaró abiertamente pansexual (más tarde también ha identificado como lesbiana), mostrando su identidad sin miedo en un deporte que históricamente ha cuidado muchísimo la imagen y las “normas” sobre cuerpo y feminidad. “Creo que inspiran quienes ven mi patinaje y mi fuerza por decir quién soy. Me hizo querer hacerlo mejor por ellas… Soy una mujer en la comunidad LGBTQ y puedo ser una de las mejores patinadoras en este deporte. Esto no me limita —y no debería limitarte a ti tampoco”.
Ha hablado abiertamente sobre las dudas, la ansiedad y las críticas que enfrentó, incluso antes de consolidarse como campeona. Aunque el patinaje artístico suele enviar mensajes muy específicos sobre cómo debe lucir y comportarse una patinadora, Amber ha dicho que quiere ser ella misma sin esconder su identidad ni su personalidad. Eso, para muchas personas LGTB, tiene un efecto enorme: ver a alguien que compite al nivel más alto del deporte y no renuncia a quien es de verdad.
Su trayectoria tampoco ha sido una línea recta hacia el éxito. En 2022 fue alternativa para el equipo olímpico tras una retirada por COVID-19, algo que la dejó devastada. Pero en vez de rendirse, encontró una nueva perspectiva: patinar por el amor al deporte y por la comunidad que la apoya.
Esa fuerza ha dado resultado. Además de su dominio nacional, Amber podría convertirse en la mujer más veterana en competir por EE. UU. en patinaje individual en casi un siglo, y llega a los Juegos de Invierno con todas las miradas puestas en ella.
Más allá de los trofeos, su impacto va por otro lado: ha hablado de representación, salud mental y autenticidad. Ha dicho que su objetivo no es solo ganar medallas, sino que su presencia ayude a otras personas LGTB a sentirse vistas y representadas en un deporte que, como muchos otros, todavía lucha contra estereotipos y expectativas rígidas. En una entrevista contó como ver banderas del orgullo en las gradas y escuchar que chicas y familias se sienten más cómodas siendo ellas mismas, la ha motivado a esforzarse aún más y a seguir siendo auténtica, no solo en el hielo sino también fuera de él
Amber Glenn está en el hielo con la determinación de quien ha pasado por dudas, derrotas y victorias—y ha aprendido a patinar con todo eso encima. Para nosotras, su historia va más allá de lo deportivo: es un recordatorio de que ser visible, auténtica y competitiva puede ir de la mano, incluso cuando el mundo del deporte no siempre lo hace fácil.

