Kate Winslet cuenta que sus primeras experiencias íntimas fueron con mujeres

Hay actrices que nos gustan. Y luego está Kate Winslet, que directamente nos cae bien, nos interesa, nos representa y, seamos honestas, nos parece una fantasía desde hace décadas. No solo por su talento —que es descomunal—, sino por esa forma suya de habitar el mundo sin pedir perdón, sin encogerse, sin maquillarlo todo para gustar más.

Estos días, Kate ha vuelto a ser noticia por algo que contó en un episodio reciente del podcast Team Deakins.

“Compartiré algo que nunca antes había compartido. Algunas de mis primeras experiencias íntimas de adolescente fueron con chicas. Había besado a algunas chicas y a algunos chicos, pero no estaba especialmente evolucionada en ninguna dirección”.

No hay titulares grandilocuentes en sus palabras, ni intención de definirse retrospectivamente. Hay curiosidad, hay adolescencia, hay cuerpo, hay descubrimiento. Hay algo que muchas reconocemos. Kate no está diciendo “esto soy”, sino “esto viví”, que no es lo mismo y dice mucho más.

De hecho, ella misma lo relaciona con su manera de entender a ciertos personajes femeninos que marcaron su carrera desde muy joven. Especialmente uno: el de Criaturas celestiales, la película de Peter Jackson con la que debutó en el cine y que ya entonces hablaba de una relación intensa, absorbente y profundamente emocional entre dos chicas adolescentes.

“En esa etapa de mi vida, sentía mucha curiosidad, y creo que había algo en la intensa conexión que tenían esas dos mujeres que comprendí profundamente. Me vi inmediatamente absorbida por el torbellino de ese mundo en el que se encontraban“.

Y aquí está una de las claves de Kate Winslet: su capacidad para mirar a las mujeres —y las relaciones entre mujeres— desde dentro, sin caricatura, sin miedo, sin esa distancia incómoda que tantas veces hemos visto en el cine. Criaturas celestiales no era una historia complaciente, pero sí era una historia honesta, compleja, inquietante y profundamente femenina. Y Kate, con 17 años, ya estaba ahí, sosteniéndola.

Muchos años después, esa mirada volvió a aparecer —más madura, más serena, igual de valiente— en Ammonite (2020). En la película, Winslet interpreta a Mary Anning, una paleontóloga solitaria y brillante que inicia una relación con otra mujer en la Inglaterra del siglo XIX. Una historia de amor entre mujeres contada sin clichés. Cuerpo, silencio, deseo, intimidad. Todo lo que tantas veces se nos niega en pantalla.

Kate defendió Ammonite con uñas y dientes. No como “una película lésbica”, sino como una historia de amor, punto. Porque eso es lo que siempre ha reclamado: que las historias entre mujeres —también las lésbicas— no tengan que explicarse más que cualquier otra.

Kate Winslet lleva años peleando batallas que importan. Contra el body shaming, contra la obsesión por la juventud eterna, contra los cánones imposibles, contra la idea de que las mujeres debemos ocupar menos espacio. Nunca ha escondido su cuerpo, ni su edad, ni su voz. Nunca ha suavizado su discurso para resultar más cómoda.

Kate no habla para agradar. Habla porque cree que decir las cosas importa. Y cuando habla de deseo, de curiosidad, de mujeres, lo hace sin convertirlo en espectáculo, sin apropiarse de etiquetas que no reclama, pero tampoco borrando experiencias que forman parte de quien es.

Comparte este artículo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio