Diez años de Carol: la película que nos enseñó que el amor entre mujeres también podía acabar bien

Hay películas que ves.
Y luego está Carol, que te mira de vuelta, te roza la mano sin avisar y se te queda viviendo dentro para siempre.

Este año se cumplen 10 años del estreno de Carol (2015), y no es una efeméride cualquiera. Para muchas —y decimos muchas sin miedo— Carol no solo es la mejor película lésbica de la historia, es también una de las más importantes. Un antes y un después. Un “ah, vale, esto también puede ser así”.

Dirigida por Todd Haynes y protagonizada por Cate Blanchett y Rooney Mara, Carol llegó cuando ya estábamos cansadas de historias de amor entre mujeres que acababan en tragedia, castigo o muerte. Y decidió hacer justo lo contrario: contar un amor con belleza, deseo, dolor… y futuro.

La historia que venía de lejos (y de un libro valiente)

Antes de ser película, Carol fue libro. En 1952, Patricia Highsmith publicó The Price of Salt, una novela lésbica escrita bajo seudónimo porque, sorpresa: en los años cincuenta no estaba bien visto que dos mujeres se enamoraran sin morir, volverse locas o arrepentirse.

Y Highsmith hizo algo absolutamente revolucionario para la época: les dio un final esperanzador.

No edulcorado. No naïf. Pero sí posible. Dos mujeres que, pese a todo, deciden estar juntas. Algo que hoy puede parecer básico, pero que entonces fue casi un acto de resistencia política. Treinta años después, la autora recuperó su nombre y rebautizó la novela como Carol. Y el resto es historia… o más bien, memoria colectiva lesbiana.

Por qué Carol nos marcó tanto

Carol nos gustó —nos sigue gustando— porque confía en la inteligencia emocional de quien la mira. En los silencios, en las miradas largas, en los guantes que se quitan despacio, en el deseo contenido que lo dice todo sin decir nada.

Nos reconocimos en Therese, descubriendo quién es y a quién ama casi sin darse cuenta.
Nos enamoramos perdidamente de Carol Aird, ese personaje elegante, complejo, herido y valiente que Cate Blanchett convirtió en mito lésbico instantáneo.

Y sí, hablemos de Cate.

No sabemos cuántas veces hemos visto Carol, pero sí sabemos esto: cada vez que Cate Blanchett entra en plano, el mundo se detiene. Su forma de mirar, de fumar, de sostener el silencio… todo en ella es puro magnetismo.

Cate no interpreta a una mujer que “descubre” que es lesbiana. Interpreta a una mujer que sabe quién es, lo paga caro y aun así no se rinde. Y eso, amigas, es poderosísimo.

Por algo Carol se convirtió en una referencia estética, emocional y política. Por algo sigue siendo nuestra favorita. Por algo, diez años después, seguimos volviendo a ella como quien vuelve a un amor que nunca falló.

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