Esther González: una campeona del mundo en un país donde su matrimonio no existe

Ministerio de Igualdad – Orgullosamente Libres

El fútbol femenino no solo nos ha traído enormes alegrías deportivas. También se ha convertido en uno de los grandes escaparates de libertad y visibilidad lésbica.

Futbolistas de todo el mundo muestran con naturalidad a sus parejas, celebran sus bodas o comparten la llegada de sus hijos. Por eso, cuando el camino parece recorrerse en dirección contraria, resulta tan llamativo.

Por eso, cuando el camino parece recorrerse en dirección contraria, resulta tan llamativo.

La futbolista española Esther González, campeona del mundo con España en 2023 y una de nuestras grandes delanteras, acaba de fichar por Al Qadsiah, de Arabia Saudí.

Y junto al anuncio deportivo ocurrió algo difícil de ignorar. De su Instagram desaparecieron buena parte de las imágenes más visibles de su vida familiar: las fotografías con su mujer, Estefanía Cruz, y publicaciones relacionadas con el hijo de ambas.

No sabemos por qué.

Esther no ha explicado públicamente que el club le haya pedido hacerlo ni existe, hasta el momento, información contrastada que permita afirmarlo. Puede ser una decisión personal, una recomendación o una manera de proteger la intimidad y seguridad de su familia.

Pero la coincidencia temporal resulta inevitablemente significativa.

Una familia que en España es familia y en Arabia Saudí no puede serlo de la misma manera

Esther está casada con Estefanía Cruz. Se casaron en 2023 y este año fueron madres de su primer hijo.

Hasta ahora esa familia había formado parte con naturalidad de su vida pública.

Y aquí está la enorme contradicción de esta historia.

Las fotografías que Esther podía compartir mientras jugaba en España o Estados Unidos desaparecen precisamente cuando ficha por un club de un país donde su matrimonio no tiene reconocimiento legal y donde las personas LGTBI no pueden vivir abiertamente con las mismas garantías.

Arabia Saudí no es simplemente un país “menos abierto” que España.

Las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo pueden ser perseguidas bajo la interpretación saudí de la sharía y no existen protecciones legales específicas frente a la discriminación por orientación sexual. Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch llevan años documentando las restricciones y abusos que sufren las personas LGTBI en el país.

Por eso cuesta contemplar la desaparición de esas fotografías como un detalle sin importancia.

No sabemos quién tomó la decisión ni por qué.

Pero sí sabemos en qué país se ha producido.

Una salida inesperada de Estados Unidos

La noticia sorprendió además por las circunstancias de su salida de Gotham FC, uno de los grandes clubes de la NWSL estadounidense.

El pasado 27 de julio, el club anunció que Esther y Gotham habían acordado rescindir anticipadamente un contrato que se extendía hasta 2027. El comunicado explicaba que la futbolista se apartaba temporalmente del fútbol para regresar a España y atender “asuntos personales”.

Gotham se despidió de ella con enorme cariño después de tres temporadas en las que se convirtió en la máxima goleadora histórica del equipo, con 33 tantos en todas las competiciones de la liga, ganó dos campeonatos de la NWSL y fue finalista al MVP en 2025.

Menos de un mes después llegó el anuncio de Al Qadsiah.

Y, con él, inevitablemente, las preguntas.

La otra cara: una estrella mundial para impulsar el fútbol femenino saudí

Pero esta historia tiene otra dimensión que tampoco deberíamos ignorar.

Arabia Saudí está realizando una enorme inversión para desarrollar el fútbol femenino.

El país creó un departamento específico para impulsarlo en 2019, la primera liga femenina comenzó en 2020 y desde entonces se han desarrollado competiciones nacionales, selecciones, centros de entrenamiento y programas escolares.

FIFA señalaba ya en 2023 que alrededor de 50.000 niñas participaban en la liga escolar de fútbol y unas 3.600 escuelas estaban involucradas en el proyecto.

Y ahí una futbolista como Esther González puede tener un impacto enorme.

No llega cualquier jugadora.

Llega una campeona del mundo. Una internacional española con experiencia en algunas de las mejores competiciones del planeta. Una futbolista capaz de elevar el nivel de la liga y, sobre todo, de convertirse en referente para niñas saudíes que hasta hace muy poco ni siquiera podían imaginar una carrera profesional jugando al fútbol.

Eso también es progreso.

El problema es el precio.

Arabia Saudí quiere a la futbolista. ¿Pero cabe la mujer?

Arabia Saudí quiere lo que Esther representa deportivamente.

Su talento, su experiencia, su prestigio y su condición de campeona del mundo.

Pero el país no ofrece el mismo espacio a otra parte fundamental de su vida: una mujer casada con otra mujer y madre de un hijo junto a ella.

Y quizá ahí esté la imagen más incómoda de toda esta historia.

Para entrar en el escaparate del nuevo fútbol femenino saudí, una parte de su vida parece haber tenido que salir del escaparate.

No queremos juzgar a Esther González.

No conocemos su contrato, sus circunstancias familiares ni las conversaciones que ha mantenido con su mujer. Tampoco sabemos cuáles han sido las razones deportivas, personales o económicas que la llevaron a aceptar esta oportunidad.

Y precisamente porque no lo sabemos, no queremos inventarlas.

Pero analizar una contradicción no significa condenar a quien la protagoniza.

Esther puede contribuir al crecimiento del fútbol femenino en Arabia Saudí y convertirse en referente para miles de niñas. Y, al mismo tiempo, podemos señalar que resulta profundamente contradictorio que una liga que necesita a grandes mujeres para crecer se desarrolle en un país donde algunas de esas mismas mujeres no pueden vivir abiertamente su orientación sexual.

Quizá alguna de las niñas que hoy vea jugar a Esther sueñe con ser futbolista.

Y quizá alguna de ellas sea lesbiana.

El verdadero progreso llegará cuando pueda cumplir ambos sueños: ser futbolista y vivir libremente con la mujer que ama.

Hasta entonces, el fútbol femenino saudí seguirá encerrando una paradoja difícil de ignorar: abre un espacio nuevo para las mujeres mientras mantiene cerrada la puerta a una parte fundamental de la libertad de algunas de ellas.

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