Carmen, de 73 años, lo dice con una sonrisa tranquila: ella ya no esperaba nada de la vida cuando llegó a la residencia de Lardero. Pero la vida, caprichosa y generosa a veces, aún tenía una sorpresa guardada para ella. Cinco años después apareció Begoña, una mujer sordomuda que ingresó en la misma residencia y que, sin saberlo, iba a cambiarlo todo.
Al principio solo se cruzaban miradas y sonrisas tímidas en las zonas comunes. Hasta que un día el conserje llamó a Carmen: “Hay alguien que quiere hablar contigo”. Carmen bajó a la entrada y allí estaba Begoña. Aquella conversación, que duró dos horas, fue la primera piedra de un vínculo que ya no se rompería. Desde ese día, tal como contaron en el programa de Sonsoles, se volvieron inseparables. En la residencia empezaron a llamarlas “la parejita”, porque iban juntas a todas partes, como si llevaran toda la vida buscándose.
El amor entre Carmen y Begoña creció sin prisa pero sin interrupciones, hasta que consiguieron compartir habitación. “Yo siempre luché por tener una habitación individual, pero en cuanto me la ofrecieron, me fui con Begoña”, recuerda Carmen, con esa mezcla de humor y ternura que la caracteriza.
Invitadas al programa de televisión, enternecieron a la audiencia al narrar su historia: cómo, sin esperar una relación, están viviendo el momento más dulce de sus vidas. Carmen aprendió lengua de signos y cuenta con orgullo los pequeños detalles de su día a día: las caricias, la manera en que se hablan, los gestos románticos… y cómo, cuando ella enfermó gravemente de COVID, Begoña estuvo allí, cuidándola, besándola, empujando su silla de ruedas, sin apartarse un solo día.
Cuando Carmen tuvo que cambiar de residencia, Begoña no lo dudó. Hizo las maletas y se fue con ella. “Somos eternas tú y yo”, le dijo. Y esa frase, que se repiten en los platós y en su vida cotidiana, resume la esencia de su amor: firme, tierno y sin miedo.
Este año, después de siete años de vida juntas, decidieron dar un paso más. El 21 de noviembre se casaron en el Juzgado de Logroño y celebraron su boda en la residencia Seniors La Estrella, rodeadas de quienes han sido testigos y cómplices de su historia. Aunque para ellas es algo natural, su unión ha conmovido a miles de personas que ven en su historia un rayo de luz.
Porque el suyo no es solo un matrimonio: es una lección. Una invitación a reflexionar sobre la visibilidad del amor entre personas mayores, especialmente en el colectivo LGTBI. Carmen y Begoña nos recuerdan que el amor no tiene fecha de caducidad, que puede florecer a cualquier edad y que nunca es tarde para encontrar compañía, afecto profundo y un compromiso que ilumine el camino.
Son, como ellas mismas dicen, eternas. Y su amor también.

