por Elisabet Pérez

Julio 2011

 

 

...pero me siento lesbiana y todas y todos deberíamos definirnos como lesbianas feministas y el mundo cambiaría, ¡seguro!

Después de muchas vueltas y mareos al fin tengo claro quién soy (aunque seguiré cambiando, pero yo decido hacia dónde), lo que quiero y sobre todo lo que no quiero.

No quiero volver atrás, volver a los sentimientos encontrados que me generó mi mejor amiga cuando me dijo que era lesbiana; a esa lucha interna porque sabía que tenía que aceptarla tal como era pero, ante su malestar por su “terrible” descubrimiento, la tranquilizaba diciéndole que era una época, que no se preocupara y que, si no estaba segura, para qué iba a tener que decírselo a nadie. Que iba a ser peor, ya que la iban a tratar mal.

Y así fue: sufrió y le han hecho daño. En muchos ambientes sigue ocurriendo, porque cuando no vives en una gran ciudad, lo que está arraigado es muy difícil de cambiar.

Poco a poco, viviendo día a día el malestar de mi amiga, aprendimos, siempre juntas, que todo lo que implicaba romper una estúpida norma era algo que no teníamos por qué aceptar. Ella no merecía ser tratada como algo inferior, nadie tenía que sentirse con el derecho de agredirla de ningún modo, y ninguna sociedad se puede permitir ocultar a gran parte de sus miembros porque difieren de lo que nos han enseñado. Y, como educadora, no podía asumir que se va a seguir privando a las niñas y los niños de crecer libres de una presión egoísta que no les permite explorar todo lo que son y expresarse en toda su amplitud. Sin cambiar la base educativa seguiremos donde estamos.

Y es que ahí está; debemos desaprender lo aprendido, por una sencilla razón: ¡no es cierto! Sexo no es penetración, matrimonio no es amor, ni amor es una pareja de hombre y mujer; los príncipes no nos salvan y ser madres no es nuestro cometido.

Después de varios años viviendo con mi amiga y compartiendo los momentos buenos y malos, volvimos a nuestra ciudad natal, Vigo, que casi fue sinónimo de retroceder en el tiempo. La discriminación, la homofobia, las agresiones y la invisibilidad de la mujer lesbiana en Galicia nos apabullaron y decidimos que teníamos que hacer algo al respecto (sobre todo si pretendíamos vivir aquí y no volvernos locas en el intento).

Así fue como decidimos crear Nós Mesmas, una asociación feminista no identitaria que lucha por los derechos de las mujeres lesbianas y bisexuales. ¡¡Y me encanta!! Siento la lucha lésbica como mía y la considero fundamental para avanzar hacia la igualdad, porque creo que en la sexualidad se han basado las desigualdades de género. Cada día trabajo, junto a mi mejor amiga y el resto de las mujeres que nos acompañan, para defender todo aquello en lo que creemos; para visibilizar nuestra ideología en todos los contextos, para poder creer que no he dejado pasar la vida viviendo lo que me imponen y, sobre todo, con el deseo de que algún día Nós Mesmas desaparezca y no tengamos que seguir luchando y nadie sufriendo.

Todas y todos los que somos activistas sabemos que es duro, que cada paso cuesta mucho trabajo y nada impide que al día siguiente tengas que volver a empezar. Es una carrera de fondo que quema y a veces dan ganas de tirar la toalla. Y esto no nos reporta más que la satisfacción de saber que lo hacemos porque creemos en ello.

Como mujer heterosexual, sinceramente, he tenido ocasiones en las que he sentido que la discriminación en contra de la que lucho me venía devuelta por parte de gente de dentro y de fuera del colectivo. He sido cuestionada e incluso se ha desvalorizado mi trabajo y opinión por mi orientación, sin conocerme siquiera. Se han sentido con el valor de cuestionar mi orientación (abiertamente) porque si estoy en esta lucha es “por algo”; y se han justificado con comentarios sexistas típicos de los que los tíos de borrachera dicen a una lesbiana. Sé que no es común, y que a la gente le cuesta entender que alguien luche por algo que no le afecta (aunque considero ignorancia el hecho de no entender que esto nos afecta a todos y a todas de alguna forma). Y es que sigue dando miedo, y gran parte de las personas que apoyan nuestra lucha, nuestros derechos como colectivo, nunca se pondrían detrás de una pancarta por la estigmatización que siguen sufriendo los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales.

Claro está que no me importa; de hecho, es una doble carta con la que juego cuando creo que es necesario. A la gente siempre le hace reflexionar y plantearse ciertas cosas. Cuando, después de conocerme (como activista) y pensar que soy lesbiana, se enteran de que no lo soy, sencillamente se les rompen los esquemas.

Su siguiente frase suele ser: “Pues nunca diría que eres hetero!” Pero esa es otra lucha.

 

Comentarios de Mirales generados por Disqus