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por Maria Jesús Méndez

Lesbianas activistas: La nueva generación

Junio 2011

 

No se sienten cómodas en un mundo sin referentes lésbicos, con escasa visibilidad y aún bastante discriminación hacia el colectivo LGTB. Por eso quieren cambiarlo. Compatibilizan el activismo con sus estudios y sus trabajos. Son valientes y luchadoras. Y no hacen esto sólo por ellas. Lo hacen por mí, lo hacen por ti y lo hacen por todas las que vienen detrás.

Diana Murcia, 28 años. Alicante

Hace sólo ocho meses esta estudiante de humanidades creó, junto a otras personas, la asociación Diversitat, en Alicante, que en su corta vida cuenta ya con más de diez grupos de trabajo, como Educación y Universidad, Investigaciones Sociales, Salud, Familia y Políticas Lésbicas, del cual Diana es Coordinadora.

Salió del armario a los 23 años y afrontó un difícil proceso de aceptación por parte de sus padres, quienes finalmente decidieron que era mejor respetarla que perderla. Diana reconoce que antes dedicarse al activismo era parte del colectivo relajado y adormecido que piensa que ya no hay nada por lo que luchar. “No era consciente del peligro en el estamos, pero conforme me voy informando me doy cuenta de que podemos perder con el cambio de gobierno todo por lo que nuestros antecesores activistas han luchado durante tantos años. Nos ha costado XXI siglos y lo podemos perder en una década. Triste, ¿no? Por eso hay que seguir luchando, por nosotras y por todas las que vienen detrás”, sostiene Diana.

El trabajo internacional realizado por activistas desde los hechos de Stonwall, en 1969, motiva sus ansias de cambiar el mundo. “Lucho para ganarnos el respeto de todos y todas y, para eso, hace falta visibilidad. Si tenemos miedo de decir quiénes somos, significa que ni siquiera nosotras mismas nos respetamos, que tenemos miedo, y eso nos hace vulnerables frente al enemigo. Debemos aceptarnos, y cuando nos pregunten, responder abiertamente y sin ambigüedades nuestra situación sentimental. A todos y todas les resulta mucho más fácil aceptar la homosexualidad cuando alguien a quien aprecian lo es. Esas personas que se manifiestan por una familia digna dejarían de hacerlo si supieran que sus hijos, primos o amigos, corren el riesgo de perder sus derechos. Hay que ser valiente y decidirse a salir del armario, aun a sabiendas de las consecuencias que se puedan tener, que seguro son muchas menos de las que se imaginan”.

Marta Serrano, 16 años. Manacor

Marta está en el instituto y, desde que salió del armario, a los 14, ha realizado una acción directa por la normalización del lesbianismo. Escribe relatos de amor entre mujeres para los concursos y la mayoría de sus trabajos llevan los colores del arcoiris. “Joder, Marta, estás obsesionada con la bandera gay, siempre igual, pareces enferma”, le comentó uno de sus compañeros hace poco. Marta se rió y simplemente respondió: “Y tú estás obsesionado con lo heterosexual, todo lo haces heterosexual, a nada le pones la bandera gay”.

Marta cree que su visibilidad es la mejor arma de su lucha. Nunca ha sido discriminada directamente, pero sí se ha sentido muy mal cuando la han mirado de manera diferente por besar a una chica en público y cuando sus padres se refieren a los homosexuales como enfermos. “Nos quedan muchas cosas por conseguir, debemos seguir luchando por la normalización hasta que ningún insulto homófobo salga de ninguna boca, ninguna persona se sienta ofendida por ser homosexual, hasta que cualquier persona sepa el significado de la palabra lesbiana, hasta que no sea necesario reivindicar nuestros derechos porque tenemos los mismos que cualquier otra persona”, asegura Marta.

Marta escribe todos los meses la columna de una lesbiana adolescente en MíraLES y acaba de ganar un concurso en su instituto en el que ilustra un poema de amor con una foto de una pareja heterosexual y otra de lesbianas. “Gracias a ello, en la biblioteca va a estar colgado y va a ser la portada de la revista anual del instituto. Esta gran difusión demuestra la diversidad afectivo-sexual que hay en todas partes y que no todos aprecian. Me motivan muchas cosas, pero sobre todo el que aún haya mujeres lesbianas que no se atreven a salir del armario o a reconocerse como tal por el miedo. Me motiva también el que haya gente tan ignorante que por el simple hecho de no tener información sobre el tema juzga sin saber”, concluye.

Rebeca Riber. 31 años. Madrid

A raíz del bullying sufrido en su etapa escolar, a Rebeca le costó mucha angustia y ansiedad salir del armario. Cuando aún no tenía clara su orientación sexual, sus compañeros del instituto la evitaban, no la invitaban a fiestas y hasta su mejor amiga dejó de hablarle en el viaje de fin de curso por suponerla lesbiana.

Mantuvo una relación de 9 años con un chico. “Soñaba con mujeres, las miraba siempre. Sentía que me faltaba algo, que me ahogaba, pero tenía miedo de que solo fuera un montaje en mi cabeza y arruinar un casi matrimonio. Pero al final corté con él y ahí comencé a vivir de verdad”, asegura Rebeca.

Sentirse viva es lo que la motiva a luchar por los derechos LGTB. Participa en la asociación COGAM, en G30, un grupo de sociabilización y Acción Joven, dedicado al activismo. “Todavía hay mucha discriminación. Los derechos que hemos conseguido no tenemos la seguridad de mantenerlos. Hay personas que están siendo encarceladas, mutiladas, violadas o sometidas a pena de muerte en el mundo por esta orientación, por sentir de una manera diferente a la norma. Nos queda mucho por hacer. Aquí en España, Madrid y Barcelona son ciudades grandes, pero en las zonas rurales no se vive en la misma manera y con la misma libertad. Incluso puedes escuchar de tus amigos y conocidos que lo entienden, que lo aceptan, pero después hacen comentarios que duelen, como que el matrimonio no debería llamarse así o no debería haber adopción para parejas homosexuales. Las lesbianas somos invisibles, la religión ha atacado nuestro derecho como mujeres a actuar, a desear, a pensar. Yo creo que estamos poco a poco saliendo y dándonos a conocer. Pero aún falta mucho que hacer”, añade.

Paula Alcaide, 22 años. Barcelona

Paula es la coordinadora de Lesbianes a Catalunya (LesCat), grupo de lesbianas de la Coordinadora Gai-Lesbiana. Desde la asociación procura que chicas lesbianas y bisexuales encuentren un espacio y luchen por sus derechos. Intenta cubrir las necesidades de nuevas generaciones, ya sea organizando actos culturales como fiestas.

“Nos falta cambiar la realidad social que, pese a haber avanzado de forma esperanzadora, se nos queda a veces corta a las que amamos a otras mujeres. El heterosexismo está en todas partes, y cuando la norma social se intenta hacer unánime a todo el mundo, nosotras nos quedamos fuera. Nos queda que nuestros hijos e hijas jueguen a papás, a mamás y a papás y mamás; que no se giren cuando vean a una pareja homosexual porque les parezca lo más normal del mundo, que se sientan libres de decir en el colegio que les gusta una chica o un chico y que no pase nada absolutamente, que desaparezcan todas las barreras que impone la LGTB-fobia que, desgraciadamente, nos llevan al bullying en las escuelas, a la incomprensión, a la violencia y hasta a la pena de muerte en algunos países”.

Su inspiración la encuentra en el trabajo de feministas y lesbianas que han luchado por los derechos de las mujeres y de las minorías sexuales desde antes de su nacimiento. Cree en la visibilidad como herramienta para conseguir los cambios sociales. “Las lesbianas somos lo que queremos ser y, por otra parte, lo que nos dejan ser. Cuesta mucho ponerte delante de tu entorno más inmediato y decir: Sí, yo estoy fuera de la norma social, y es cómodo, en cierta medida, no ser tan visibles, porque darse a conocer implica ser objeto de preguntas, miradas y opiniones, como poco. Pero al ser invisibles pasa lo mismo que pasaba con los malos tratos, lo mismo que ha pasado durante siglos con las voces femeninas y lo mismo que ha pasado durante años con las minorías: que la sociedad no nos ve y si no nos ve, o nos ignora o nos desprecia. En el lenguaje está el cambio. En vez de decir no tengo novio o pareja, se dice yo tengo novia o mujer o amante. Me gusta una chica, me gusta ella, una mujer. Faltan referentes, pero poco a poco irán saliendo; hay que confiar en las nuevas generaciones”.

Marisol Moreno. 31 años. Alicante

Estudiante de filología árabe, fundó la Coordinadora LGTB de la Universidad de Alicante y organizó el primer día de la Visibilidad Lésbica en dicha institución. Cree que el activismo es más callejero que teórico, por eso decoró Alicante con grafitis de dos mujeres besándose, en los que se leía: “Soy lesbiana, porque me gusta y me da la gana”.

“Nacer con pechos y vagina implica estar discriminada. Las mujeres somos invisibles, incluso las heterosexuales. Eso tiene que ver con el machismo y la segregación de géneros. Es difícil ver mujeres en el ámbito público. Hay un montón de directores de universidad, pero muy pocas directoras. Así como directores de empresa; la gran mayoría son hombres. En el caso de la lesbiana hay una doble discriminación. El que las lesbianas estemos integradas en la sociedad no quiere decir que la sociedad lo tenga asimilado. Sigue habiendo homofobia a lo que rompe con el discurso patriarcal y heterosexista. Incluso en el mismo ambiente LGTB se puede ver la plumofobia. Ahora parece que si no eres lesbiana femenina o gay masculino, estás fuera del ambiente también. Y eso es el género, que es el cáncer de la sociedad. El mismo que te dice: Tú naces con tetas y con vagina y tienes que ser rosa, dulce, bonita. Y a veces si eres lesbiana masculina, si transgredes el género, puedes llegar a ser discriminada por la sociedad y por las mismas lesbianas”, sostiene Marisol.

Actualmente Marisol escribe un blog feminista (Karismales), colabora en la asociación Diversitat y en las últimas elecciones se presentó en las listas electorales por Izquierda Unida. Hace seis meses la Plataforma Feminista de Alicante le hizo un homenaje por su labor activista, feminista y lésbica.

Ane Cesma Gracia, 20 años. Madrid

Esta estudiante de Antrolopología Cultural de la Universidad Complutense es activista de RQTR, asociación que escogió por su ideología queer e izquierdista. “La única manera de que se oiga una voz es a través del activismo. No es a través del voto. Creo que es súper importante para dar voz a lo que quieres. No sirve de nada que no te guste el mundo, las cosas como van, quejarte y quedarte en tu casa viendo la tele. Yo hago activismo transfeminista LGTB porque me parece que la construcción de género que tiene nuestra sociedad es algo fundamentalísimo. Todo el ordenamiento social está hecho en base a eso. Hay que luchar por otras realidades, por otras formas de ser”. Su ambiente reaccionó muy favorablemente cuando salió del armario. En el instituto ella y sus compañeros habían leído libros con personajes homosexuales. Y su madre, cuando se enteró del lesbianismo de Ane, simplemente contestó: “¿Así que te gustan las chicas? Vale, bien. ¿Quieres más alubias?”. A pesar de la muy buena aceptación, cree que queda mucho por normalizar. Para Ane el activismo no va tanto dirigido a la consecución de leyes favorables al colectivo LGTB. “Hace poco nos llamaron periodistas a la asociación para preguntarnos cómo nos había cambiado la vida la ley de matrimonio homosexual. Y, a mí, en nada. Porque tengo 20 años y no pienso casarme. No es nuestra lucha, aunque defenderemos la ley a muerte, pero creemos que hay más cosas que deben visibilizarse. Por ejemplo, por mucho que digamos que está aceptado el lesbianismo, me río yo de eso. No es posible que yo me bese con una chica en el autobús, como el otro día a las seis de la mañana y todo el mundo se te quede mirando. ¿Por qué? Yo quiero besar a alguien donde quiero sin que todo el mundo se quede pegado. Mi vida está más allá de Chueca, mi vida está en todas partes”.

Raquel del Río. 36 años, Asturias

A Raquel le mueven las injusticias, cualquier tipo de discriminación, sobre todo las relacionadas con las lesbianas. Por eso forma parte de XEGA, asociación asturiana que lucha por los derechos LGTB. Es tesorera y parte de la junta directiva.

"Aunque se cree que la igualdad legal es total, yo creo que todavía hay cosas que quedan por atar para que la igualdad entre heterosexuales y homosexuales sea plena. ¿Por qué dos mujeres deben estar casadas para tener un hijo/a? ¿Por qué utilizamos resquicios legales para poder ser inseminadas, dando pie a interpretaciones de un Real Decreto que nos deja fuera? ¿Por qué las leyes de violencia de género no nos incluyen? ¿Por qué no existen estudios MSM sobre VIH, o protocolos ginecológicos? Esto son temas legales y sanitarios sobre los que hay que trabajar. La igualdad social es algo que llegará con el esfuerzo de cada una de nosotras, independientemente de que militemos o no en colectivos, siendo conscientes de que tenemos derechos y debemos hacer uso de ellos”, sostiene Raquel.

Salió a los 29 años del armario y atribuye la tardanza a la falta de referentes. “Las mujeres somos más invisibles por una cuestión de género. Siempre nos cuesta más todo. Se cuestiona nuestra valía, nuestra dedicación, nuestra capacidad. A muchas mujeres de generaciones anteriores a la mía se las educó para ser cuidadoras y para la vida privada, no pública como al varón. Las cosas están cambiando, aunque tímidamente, para las generaciones más jóvenes. Aunque sólo sea porque aparecen lesbianas en las series televisivas, hay periodistas que se casan... Todo esto sirve de referente, aunque no debemos conformarnos. Que una periodista, política, cantante o deportista de renombre saliese del armario en este país sería un gran espaldarazo a la visibilidad”./p>

Maite Balaciart, 29 años. Alicante

De las tres hermanas que tiene, dos son lesbianas, como ella. Y, a pesar de ser la menor, fue la primera en salir del armario. Ha escrito cortos lésbicos y ha participado como actriz en algunos de ellos. “Creo que es importante visibilizar a través del arte. Visibilizo a través del arte callejero; también lo hago a través de la música. Tengo una maqueta de hip hop y las canciones son de amor, cantadas de una mujer para una mujer. También hay canciones activistas que condenan el machismo y la LGTB-fobia”, declara.

Maite vivió 8 años en Madrid y, al volver a su natal Alicante, lamentó la falta de sitios específicos para que las lesbianas pudieran reunirse, tal como existen en la capital. “En Alicante las lesbianas estaban siempre perdidas en la esquina de una discoteca de chicos. Eso me impulsó a crear MÍA, que es el único bar de chicas que hay en la ciudad. La gente no sólo va a MIA a divertirse; es un lugar de encuentros, de normalización. La gente me da las gracias, me escribe. A falta de referentes públicos, me he convertido en un referente para las lesbianas aquí. Creo que esa es mi gran aportación”, añade.

Maite lucha por la visibilidad. “Es mi tema. No me gusta la invisibilidad, pero la sufrimos porque vivimos en un mundo de hombres. Él siempre ha estado llevando la batuta. Si es que hasta hace unas décadas las mujeres no podíamos ni votar... El hombre es más aceptado, ya sea como gay o como torero. Después de haber visto el vídeo de la visibilidad de MíraLES me inspiré, y ahora estoy haciendo una versión de Alicante, para mostrar al mundo que aquí también hay chicas que luchamos por la visibilidad. Porque solo hay una vida para dar la cara”.

Cristina Jiménez, 34 años. Madrid

Hace solo un año Cristina salió del armario, a pesar de que desde los 14 sabía que le gustaban las mujeres. No se atrevió a estar con una mujer. Cristina no quiere que otras personas sientan el miedo que ella sufrió por su orientación sexual. Por eso, después de aceptar su lesbianismo y confesarlo a sus familiares y amigos, se unió a COGAM. Dentro de la asociación, Cristina se encarga de Gay Inform y Línea Lesbos, ambas líneas de información relativas a formas de prevención de infecciones, grupos del colectivo, acciones, problemas y asesorías.

“Es mi forma de contribuir a que la gente no pase malos tragos, que no sea difícil, que sepan manejarlo. Mi forma de luchar contra la LGTB-fobia. La única forma de superar todo es con visibilidad. Y falta cambiar cosas, incluso dentro de las agrupaciones. Por ejemplo, para el día de la LGTBfobia íbamos a hacer una batucada. Había mucho entusiasmo. Pero cuando dijimos que lo íbamos a grabar en video, algunas personas se echaron para atrás. Así, con miedo, es imposible avanzar”, concluye Cristina.

Fotografía:

Lau Slides

Eva Montero

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